Aunque suene paradójico, la buena vida al estilo europeo no sólo se encuentra en el Viejo Continente. Debido a su larga historia y la fuerte conexión aún vigente- con Francia-, St. Martin se erige como una irresistible combinación de dos mundos que conjugan playas con la mejor gastronomía, turismo aventura con spas de primera categoría, artesanías y una nutrida vida nocturna.
A modo de presentación, cabe remarcar que St. Martin es una colectividad de ultramar de Francia situada en el Caribe, y como tal atesora muchas costumbres de este país, que se aprecian en el idioma, la arquitectura, la gastronomía y hasta el tipo de corriente eléctrica.
En realidad, Saint Martin o Sint Maarten, es como se conoce a esta isla cuya soberanía es compartida por Francia y Holanda.
En ese Caribe, donde se habla el francés más sensual y un inglés muy british, el sol calienta a un agradable promedio de 26°. Allí se dispersa un rosario de islitas e islotes que forman el archipiélago de las Antillas Menores, o Islas de Barlovento.
Se encuentra al sur de las Antillas Mayores, y trazan una línea fronteriza imaginaria entre el océano Atlántico y el mar Caribe.
Es escondite ideal de celebridades, ya que en St Barth veranearon Greta Garbo, los Onassis y la dinastía Rockefeller. Hoy, buena parte del jet set hace lo propio en Anguilla. Estos destinos, pasaron a integrar la lista de posibles desde que Copa Airlines inauguró, a fines de 2010, un vuelo a St Martin, previa escala en Panamá. Y no hace falta visa para trasponer el umbral del Caribe chico.
Asimismo, este destino está ubicado en un archipiélago dividido en dos zonas geográficas. En 1648 el Tratado de Concordia separó la isla en St. Maarten, perteneciente a Holanda, y St. Martin, que correspondía al gobierno francés.
El aeropuerto se llama princesa Juliana, pero la fiesta más importante es una versión caribeña del Mardí Gras, designación en francés del Martes de Carnaval.
Es una isla de sólo 800 km². Para ello hay que remontarse a 1648, cuando Holanda y Francia decidieron compartir la soberanía de St. Martin (o Sint Maarten). Los dominios se repartieron con método salomónico: un francés se paró en el extremo norte y un holandés, en el sur. Cada uno caminó en línea recta hacia el centro, y el punto de encuentro de ambos fue el límite establecido.
Esta convivencia pacífica entre dos naciones convirtió a St. Martin en el territorio más pequeño del mundo con doble soberanía y, por ende, con dos personalidades, más el idioma de cada cual.
El encanto francés, entonces, hay que buscarlo en el norte, expresado en restaurantes gourmet con toques tropicales, hoteles boutique, casas bajas estilo gingerbread -típicas construcciones isleñas de madera, con ventanas sin vidrios y galerías en el frente- y en la presencia de ciertas firmas irresistibles -Cartier, Louis Vuitton- y otras de idéntico origen que transforman las calles de Marigot, capital de este lado de la isla, en una especie de Lafayette antillana.

Marigot
Una excelente manera de comenzar a descubrirlo es visitando su capital, Marigot. Uno de los principales atractivos es el Fuerte de Saint Louis, pequeña fortaleza que fue erigida en 1789 por los franceses para proteger los almacenes portuarios donde escondían sal, café, azúcar, caña y ron. Fue escena de batallas entre franceses e ingleses, y aún se conservan los cañones y algunas murallas. Si bien la subida es empinada, vale la pena el esfuerzo, porque desde arriba se puede acceder a una de las mejores postales de la bahía.
Otra propuesta de Marigot son las compras (el territorio está libre de impuestos) y las vidrieras lucen artesanías, objetos de diseño, joyas habanos y relojes de lujo.
Pasear por la encantadora Marina Port La Royale, con un marcado estilo francés, es otro imperdible. Allí se alinean restaurantes, cafés y patisseries frente a un mar surcado de yates. Dos recomendados para el almuerzo o la cena son La Belle Époque y Mario's Bistró.
Un dato a tener en cuenta es que este paraje es conocido como la Capital Gastronómica del Caribe, por la calidad de los platos que se sirven.
Además de delicias, el destino también ofrece opciones de entretenimiento. Una de ellas es elaborar perfume con el sello personal en Tijon, un espacio dedicado a las fragancias. Los sentidos se potencian con cada una de las esencias que allí se exponen (geranio, jazmín, rosas, verbena y cedrón, entre otras) y, con la ayuda de los perfumistas especializados, cada visitante puede crear su perfume personalizado. Además, antes de partir se pueden adquirir productos de belleza y suvenires.
Asimismo, la isla ofrece muchos centros de belleza y algunos hoteles tienen su espacio destinado al wellness. Aqua Spa, El Marqués Spa y Noa son solo algunos de los establecimientos recomendados. Otra opción es conocer Loterie Farm, un predio con propuestas de turismo aventura, en la que se puede realizar canopy, senderismo o avistaje de fauna.
Desde el puerto, zarpan ferris hacia Anguilla y St. Barth. Frente al muelle, los lolos (restaurantes de comida local) invitan a probar la auténtica cocina créole (criolla) con vista del mar y a precios accesibles.
Otro pueblito imperdible es Grand Case. Apodado "capital gastronómica del Caribe", sus calles aglutinan más de 30 restaurantes y lolos (el más popular es Sky's the Limit).
Para explorar a fondo la cultura local, conviene visitarlo de enero a marzo, cuando en sus calles se celebra el Mardi Gras local. Todos los martes por la noche (y no únicamente el de Carnaval) hay puestos callejeros que ofrecen crepe bretonne, helados caseros y ponche, desfile de mujeres emplumadas a lo carioca que se contonean a ritmo de samba con letra en francés.
En Sint Maarten, en cambio, los holandeses conquistaron las alturas con imponentes hoteles de más de 15 pisos. Muchos deciden alojarse en este lado de la isla, no sólo porque el cometido es hacer shopping y prefieren la cercanía del aeropuerto (el único de carácter internacional que existe en St. Martin y alrededores, por eso es parada ineludible para conectarse con el resto de las islas), sino porque hay un perfil de viajeros que elige hotelería tradicional.
El pulso de Philipsburg, su capital, se acelera entre el mediodía y las 17, cuando en el puerto anclan monumentales cruceros que eyectan hordas de turistas. Esta versión tropical de "Amsterdam duty free" es la perdición de tecnófilos y amantes de las joyas.
Basta con que los cruceros hagan sonar sus sirenas para que la ciudad se vacíe y las persianas de las tiendas bajen a toda velocidad. Recobrada la calma, se activa la otra vida de Philipsburg: se encienden los neones de los casinos y los clubes nocturnos.
Al margen de las diferencias evidentes, ambas identidades comparten la condición de zona franca (la principal tentación), el idioma inglés unificador y la única ruta que recorre la isla sin fronteras.
Con una sola arteria es imposible perderse, pero hay que contar con la existencia de dos puentes levadizos; esto provoca atascos inevitables. O sea, vaya armado de paciencia.

Playas
Esta isla, rodeada de aguas azules y turquesas tiene como principal atractivo sus playas, donde nadar, tomar sol, practicar deportes o simplemente explorar la belleza bajo el mar, provistos de un esnórquel.
Una de las playas más recomendadas es Orient Bay, a la que algunos llaman la Saint Tropez del Caribe. Ideal para disfrutar del sol y el mar, y además practicar kitesurf y kayak. Uno de los hospedajes que se destaca en esta zona es Esmeralda Resort, un complejo de villas rodeadas de una atmósfera tropical, con acceso directo al mar, excelente infraestructura y deliciosos desayunos con jugos de frutas y croissants. Para quienes eligen los deportes más extremos, en St. Martin existe la posibilidad de practicar surf, windsurf, esquí acuático, jet ski, kitesurf o kayak. Además, su puerto marítimo permite alquilar barcos a vela o a motor. Regularmente se organizan regatas y en mayo se lleva a cabo el Festival de Canotaje de Marigot. Por otra parte, una excursión de día completo se puede llevar a cabo en Pinel Island, a la que se accede luego de un traslado de 20 minutos en lancha. Se trata de una isla de aguas cristalinas, ideales para hacer esnórquel a pocos metros de las reposeras. Las iguanas son las reinas de este paraje exótico pero encantador, donde se puede entrar en contacto directo con la belleza más genuina del Caribe. Vale aclarar que los servicios también están asegurados: restaurantes, baños, sombrillas y hasta puestos de artesanías también tienen su espacio.
Otra propuesta de día completo es visitarla reserva marina de St. Martin. Se trata de un área de 3.060 ha. Situada en la parte norte de la isla. La porción terrestre se compone de costas rocosas, acantilados y playas pobladas por iguanas, gaviotas, fragatas, garzas y pelícanos marrones. A su vez, por temporada las tortugas marinas también asisten a las amplias playas para el desove. De enero a mayo, las costas reciben la visita de delfines y ballenas jorobadas, que eligen estas aguas poco profundas para dar a luz a sus crías.
En la zona holandesa hay una parada obligada: Sunset Beach Bar en Maho Bay. Separado de la pista de aterrizaje por una calle, este bar de playa regala un espectáculo que congrega a miles de turistas dispuestos a volar. Sí, a volar. El primer paso es chequear en la pizarra de Maho Baya qué hora tendrá lugar el próximo despegue. Después hay que pararse en la franjita de playa justo frente a la pista. Basta con que se enciendan las turbinas del avión para que el tremendo ventarrón lo levante del suelo y lo mantenga suspendido en el aire.
Otra propuesta, menos arriesgada, es pararse en el mismo lugar cuando un avión esté por aterrizar; pasa tan bajo que todos alzan los brazos para intentar tocarlo, en vano.
En plan de bañarse en aguas turquesas, lo más lógico es mudarse al otro lado de la isla. De sus 37 playas, la más buscada es Orient Bay. Conocida como el Saint Tropez del Caribe, es una de las más largas y la preferida para practicar deportes acuáticos. Su costa está delineada por lujosos hoteles y condominios, como el Esmeralda 82 Resort, con su parador de playa Coco Beach, y por una flamante zona de restaurantes gourmet.
Si camina por la orilla del mar hacia el sudeste, llegará a una pequeña escollera. Cruzarla y guardar la cámara de fotos son los únicos requisitos para ver cómo los bañistas toman sol en cueros. El chiringuito de Club Orient es una buena alternativa para almorzar, si no le incomoda hacerla entre nudistas. Sobre todo, si la pareja que se sienta en la mesa contigua es la que saludó esa mañana (con ropa) en el lobby del hotel. En esta reivindicación del paraíso perdido, incluso las excursiones en gomón respetan la condición de "ropa free".
Una playa más conservadora es Anse Marcel. Se accede por un camino montañoso que regala bellísimas vistas de la isla y llega a una pequeña bahía con aguas calmas y cristalinas.
La práctica del mejor esnórquel impone cruzar a Isle Pinel. Desde la puertita de Cul-de-Sac parten lanchas-taxi que, en cinco minutos, arriman a una isla donde sólo hay bares de playa, arenas blancas yaguas transparentes para nadar entre arrecifes de coral. Ah, y también tiene un sector nudista

La noche
¿Qué ocurre en las noches? La actividad nocturna de St. Martin, es una de las más divertidas y populosas del Caribe. Un dato a tener en cuenta es que esta comunidad experimentó una explosión demográfica en los últimos años y se convirtió en el sitio elegido para vivir de franceses, haitianos, dominicanos y norteamericanos, entre otras nacionalidades.
En tal sentido, en casinos, discotecas y bares sobre la playa se disfruta de un ambiente cosmopolita, relajado y divertido.

Saint Maarten
Es el costado holandés de una de las islas más pequeñas del Caribe, localizada en el extremo norte de las Antillas Menores.

Un viaje a través de la mesa
El área sur de la isla St. Maarten resguarda la impronta holandesa con un pasado colonial, que dotó a la isla de una diversidad étnica que dio como combinación, una increíble mixtura gastronómica donde se destacan los sabores de las cocinas holandesa, indonesia, italiana, india, creole, entre otras. La costumbre culinaria data de siglos, ya que los holandeses siempre fueron famosos por su buen comer y solían cultivar sus gustos abiertamente, incorporando a sus platos sabores tan diferentes como los que pueden encontrarse en los cuatro puntos cardinales.
Restaurantes como Crave, Avantika, Big Fish o el celebrado Cheri's Café plantean una idea de la diversidad gastronómica local. Su capital, Philipsburg, alberga diferentes atractivos culturales y naturales. En el primer caso, el Fuerte Ámsterdam, construido en 1631 por los holandeses, es considerado la primera fortaleza militar del Caribe. Además del valor histórico de las murallas y ruinas de cañones, el sitio ofrece una panorámica de Great Bay y Little Bay, a la vez que se puede disfrutar de una espectacular vista de las olas, rompiendo en el mar azul del Caribe.

Naturaleza y familia
Por otra parte, quienes disfruten de las actividades vinculadas a la naturaleza podrán visitar el Zoológico y el Jardín Botánico de St. Maarten para compartir una de las actividades favoritas de los más pequeños. Con más de 80 especies autóctonas de mamíferos, reptiles y aves, se trata de uno de los parques más grandes de su tipo en el Caribe. Por otra parte, Captain Alan's Boat Charters ofrece la “Three Island Snorkeling Excursion", que lleva a los viajeros a islas poco visitadas de Tintamare, Pinel Key y Green Key. En estas tres paradas se encuentran lugares increíbles para practicar esnórquel, hermosas playas y sitios para tomar baños de barro volcánico.

El edén de las compras
El paraíso de las compras libres de impuestos se encuentra en la capital de la isla. Gran cantidad de tiendas internacionales se alinean en Front Street, la calle principal. Otros sitios ideales para realizar compras son el Sint Rose Shopping Mal, donde conviven marcas internacionales como Cartier, Gucci, Ralph Lauren, Lalique y Faconnable; Old Street, cercana a Front Street; y el Maho Plaza del Sonesta Maho Beach Resort.
El destino propone interesantes opciones en joyería realizada con piedras preciosas y semipreciosas; además de adquirir grabados nativos y piezas de artesanía, así como obras de artistas de todas las islas holandesas.
El área de Simpsons Bay alberga algunas de las playas más hermosas y calmas de la isla. Desde allí, parten embarcaciones que proponen contemplar la puesta de sol, en tanto en la playa se extienden encantadores bares y restaurantes abiertos inclusive por la noche.
La galardonada marca de spas de día, Good Life Spa tiene su local en el Sonesta Maho Beach Resort & Casino, donde se combina toda la experiencia con uno de los paisajes más impresionantes del Caribe. Galardonado por seis años consecutivos como el número 1 de St. Maarten, este spa promete una experiencia inolvidable. Las instalaciones combinan sauna seco, tienda de productos y centro de fitness. Los visitantes también pueden optar por un tratamiento digno de una estrella de cine en el Spa Hibiscus. Ubicado en el elegante The Westin Resort en Dawn Beach, y conocido por alojar a celebridades, el spa es una continuación del sofisticado servicio de alojamiento del hotel.



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